Cada vez que actuamos en contra de lo que sentimos y pensamos, y dejamos de ser ìntegros; cada vez que no nos hacemos caso, cada vez que renunciamos y nos decimos «no», siempre que acabamos escogiendo senderos distintos a los que queremos tomar y vamos en contra de nuestros principios y convicciones, cada vez que no nos tratamos con el cariño y el amor que nos merecemos, nos estamos faltando al respeto. Nos estamos deshonrado y en consecuencia, nos fallamos y nos defraudamos.
Cuando esto ocurre le estamos poniendo una camisa de fuerza a nuestra esencia y desconectada de nosotros la condenamos al olvido.
Entonces, el olvido la hace delirar y acabamos perdiendo la razón, la cordura se desvanece, sentimos la fragilidad y el miedo, y finalmente, la presión que todo esto ejerce sobre nosotros, nos rompe. La oscuridad se sobrepone a la belleza y al amor que nos debería de estar inundando.
Prisionera en el interior de su propio verdugo, observa como la luz que la debería de estar iluminando se vuelve cada vez màs tenue, y bajo el filo de nuestra indiferencia termina siendo ejecutada.
El dolor y el sufrimiento que muchas veces podemos llegar a sentir es su grito y forma de pedirnos ayuda, pues solo nosotros a través de la experiencia y el entendimiento profundo, podremos finalmente abrir su cerrojo y liberarla de su cautiverio.
Sentir que nunca vamos a estar solos porque tenemos nuestra compañía en este viaje, ser disciplinados y poner empeño en acabar con la soledad del alma, es lo que condonarà nuestra pena y limpiarà nuestros días.

Muy buena reflexión
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